A lo largo de los años, ciertas dinámicas psicológicas persisten, especialmente en las relaciones íntimas, donde los deseos y frustraciones más profundos emergen. Esta inercia emocional moldea los vínculos afectivos de manera inconsciente. En este contexto, los especialistas en terapia de pareja resaltan cómo las experiencias dolorosas de la niñez configuran el funcionamiento, o la disfunción, de los matrimonios y noviazgos.
Heridas de la Niñez y su Impacto en las Relaciones de Pareja: Una Perspectiva desde Ana y Álvaro Terapia de Pareja
Ana Delapé, de Ana y Álvaro Terapia de Pareja, colabora con individuos que enfrentan desafíos en sus relaciones sentimentales, ayudándolos a comprender la dirección de sus vidas y a desarrollar habilidades de comunicación y gestión emocional para mejorar su situación. En esta ocasión, nos enfocaremos en la conexión entre las heridas emocionales de la infancia y su impacto en las relaciones de pareja.
¿Se buscan, de manera inconsciente, replicar patrones afectivos infantiles en la vida adulta?
Sin duda. Todos llevamos dentro al niño que fuimos, con sus carencias, temores y aspiraciones. En el amor adulto, buscamos resolver aquello que quedó pendiente en la infancia. Inconscientemente, anhelamos que nuestra pareja nos brinde lo que no obtuvimos: atención, afecto, seguridad, validación, o incluso el conflicto.
Sin embargo, la pareja no puede reemplazar el rol de los padres o cuidadores. Cuando amamos desde una perspectiva infantil, esperando ser reparados, la relación se sobrecarga con expectativas inalcanzables. Solo al reconocer nuestra historia y amar desde la madurez adulta, podemos establecer un vínculo más libre.
¿Cuáles son los indicadores de una reacción desde la "herida infantil" en lugar del "yo adulto"?
Se manifiesta cuando el diálogo se transforma en exigencia, reproche o demanda: "no me miras", "no me cuidas", "no estás". Aquí no habla el adulto, sino el niño que alguna vez necesitó. El adulto, por el contrario, puede expresar sus necesidades sin culpar, solicitando en lugar de reclamar.
Las señales son evidentes cuando las reacciones son "desproporcionadas". Por ejemplo, un comentario de la pareja provoca una herida profunda, un dolor que parece provenir de otro tiempo, con una intensidad desmedida. O cuando la persona se siente abandonada por un silencio, humillada por una mirada, o furiosa por un detalle mínimo. Estas reacciones surgen de una memoria emocional profunda, lo que significa que la persona no logra percibir la realidad objetivamente, ya que su estado emocional distorsiona su percepción del entorno, filtrándolo a través de sus heridas infantiles.
¿Por qué se perpetúan estos patrones en la relación de pareja, aun siendo conscientes de ellos?
El mero conocimiento no es suficiente; es crucial entender que el cerebro prioriza las repeticiones sobre las intenciones. Un proceso de transformación interior implica armonizar el pensamiento, la emoción y la acción. Podemos comprenderlo todo, pero sin trabajar en los aspectos emocionales y conductuales, los patrones persistirán. Se alojan en regiones profundas, más allá de la razón, y requieren ser experimentados, sentidos y entendidos desde el corazón, manifestándose en acciones concretas, no solo en análisis.
La conciencia es solo el primer paso; es necesario tomar decisiones, arriesgarse a actuar de manera diferente, y a veces, el temor a perder el vínculo lo impide. Por ello, es fundamental que ambos trabajen en conjunto, para que, además de la conciencia individual de sus patrones, se cree un ambiente en la pareja que fomente la exploración de nuevas formas de relacionarse.
Es cierto que al afrontar nuestro dolor sin proyectarlo en el otro, el patrón comienza a debilitarse. Es igualmente importante, tras tomar conciencia, que ambos miembros de la pareja se concedan un espacio para la transformación, respetando los propios dolores y los del otro.
¿Qué heridas emocionales de la infancia se presentan con mayor frecuencia en las relaciones de pareja adultas?
Las más comunes son el abandono, el rechazo, la traición, la humillación y la injusticia. El abandono se manifiesta en personas con miedo a ser dejadas, que buscan constantemente aprobación o presencia. El rechazo se observa en quienes sienten insuficiencia o la necesidad de ganarse el amor del otro. La humillación afecta a quienes se someten o se avergüenzan de sus deseos o necesidades; quien fue traicionado desconfía y controla; y quien experimentó injusticia se vuelve rígido y exigente.
También emergen heridas más sutiles, como la invisibilidad, cuando el niño tuvo que volverse fuerte y dejar de necesitar, o la invasión, cuando hubo poco espacio para ser uno mismo.
Todas estas heridas se reactivan en la pareja, donde, de manera infantil, esperamos que el otro nos repare, aferrándonos a la creencia de que en el amor de pareja encontraremos todo lo que nos falta y que, con suerte, completaremos aquello que nos escasea.
¿Cómo se entrelazan o activan mutuamente las heridas de dos individuos en una relación?
Tras la fase de enamoramiento, cuando la pareja entra en una etapa de divergencia, es muy común que las heridas de uno desencadenen las del otro. Por ejemplo, alguien con miedo al abandono podría unirse a alguien con miedo a la invasión. Uno busca más cercanía, el otro necesita más espacio, y en esta danza, sus defensas se activan. Así, sin intención, ambos reproducen su historia.
El trabajo consiste en que cada miembro de la pareja aprenda a responsabilizarse de su propia herida, sin esperar que el otro lo salve. No se trata de cambiar a la persona o convertirla en lo que el otro desea. Es un proceso en el que cada uno descubre lo que verdaderamente necesita y quiere, y puede permitírselo. De este modo, la relación se convierte en un laboratorio donde cada uno puede evolucionar hacia su versión más madura y amorosa, y cuando dos personas deciden observarse, reconocerse y asumir su parte, el vínculo se transforma en un camino de madurez y libertad.
¿Puede una relación de pareja ser un espacio de sanación emocional si ambos están comprometidos con el autoconocimiento?
Sí, y de hecho, puede ser uno de los entornos más potentes para ello. No porque la pareja tenga la capacidad de sanarte, sino porque en la relación de pareja se activan con mayor intensidad nuestras memorias afectivas más profundas. Ningún otro vínculo nos confronta tan directamente con nuestras heridas infantiles, ya que el amor en la pareja estimula las mismas áreas cerebrales que se formaron en los primeros años de vida.
Cuando ambos están dispuestos a trabajar en la relación, aprenden que el amor no es un ideal; cada uno asume la responsabilidad de sus dolores, expectativas y deseos. Así, la pareja se convierte en una escuela donde ambos aprenden a apoyarse y acompañarse.
Además, cuando se crea un espacio de sanación emocional mutua, este se convierte en un terreno fértil para el surgimiento de nuevas formas y modelos en la pareja, permitiendo que ambos trabajen en equipo para construir la relación que desean.
¿Qué herramientas se utilizan en las sesiones para identificar y desactivar las heridas infantiles activadas en la pareja?
Empleamos diversas herramientas, todas con el objetivo de que cada miembro de la pareja pueda identificar sus heridas y asumir la responsabilidad. Respetamos profundamente la historia de vida de cada individuo, por lo que contamos con técnicas que permiten a la persona conectar con sus heridas sin sentirse expuesta ante el otro.
Son herramientas sencillas y contundentes que devuelven la responsabilidad con respeto y sin sentimentalismo. En terapia de pareja, no solo "explicamos las heridas", sino que las hacemos visibles en el aquí y ahora, ofreciendo una experiencia novedosa que el sistema nervioso puede procesar y aprender.
Utilizamos herramientas que facilitan visualizarlas, sentirlas y comprenderlas, así como reconocer cómo se proyectan en la relación, para generar un diálogo consciente donde cada uno pueda expresarse de forma auténtica.
Es importante destacar que el trabajo con las heridas infantiles es solo un componente de este proceso. Para que una pareja se desarrolle, crezca y prospere, deben incorporarse más elementos. Desde nuestra perspectiva, la pareja puede ser vista como un equipo de alto rendimiento, donde las personas, a pesar de sus diferencias, pueden perseguir un objetivo común. Por ello, incluimos temas y técnicas para hacer de esto una realidad.