Un alto nivel de azúcar en la sangre, característico de la diabetes, ejerce un efecto perjudicial integral sobre el sistema de defensa del cuerpo, incrementando la propensión de los individuos afectados a contraer infecciones, en particular las de origen bacteriano como la neumonía y la tuberculosis, y complicando su recuperación.
La diabetes, una afección en la que el páncreas no produce suficiente insulina o el cuerpo no la utiliza eficazmente, tiene varias manifestaciones. El tipo 2, la forma más común, surge a menudo de hábitos de vida poco saludables y se caracteriza por la resistencia a la insulina, impidiendo que el cuerpo procese el azúcar para obtener energía. Si no se maneja adecuadamente, esta condición puede elevar los niveles de azúcar en la sangre, resultando en daños orgánicos severos. El Dr. Luis Franco, profesor de Ciencias de la Salud en la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), enfatiza que la diabetes tipo 2 presenta un doble desafío: no solo los niveles de azúcar, sino también el exceso de grasa corporal, especialmente la visceral, que rodea los órganos vitales. Esta grasa visceral provoca un estado constante de microinflamación al liberar citoquinas inflamatorias y ácidos grasos libres, lo que estresa las células y daña el sistema circulatorio, pudiendo llevar a complicaciones graves como amputaciones.
El impacto de la diabetes en el sistema inmunológico es profundo y multifacético. Los elevados niveles de glucosa alteran la quimiotaxis, la capacidad de las células inmunitarias para identificar y combatir patógenos. El Dr. Franco lo compara con "sensores sucios" que impiden una detección eficaz de amenazas. Además, la fagocitosis, el proceso por el cual los macrófagos y neutrófilos "engullen" bacterias, también se ve comprometida debido a la afectación del citoesqueleto celular. Esta disfunción inmunitaria hace que las personas con diabetes sean más susceptibles a infecciones, particularmente bacterianas, y se ha observado que incluso los anticuerpos producidos en presencia de altos niveles de azúcar pueden perder su eficacia. Por ello, se recomienda a los diabéticos seguir pautas de vacunación similares a las de pacientes inmunodeprimidos.
Para la diabetes tipo 2, la progresión de la enfermedad puede ralentizarse y manejarse activamente mediante cambios significativos en el estilo de vida y el uso de terapias farmacológicas innovadoras. Los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 (SGLT2) y los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) representan avances importantes, no solo para controlar el azúcar en la sangre, sino también para promover la pérdida de peso. Sin embargo, el Dr. Franco subraya la importancia de una asesoría médica personalizada para implementar modificaciones nutricionales. Una dieta basada en carbohidratos complejos, alimentos mínimamente procesados, y una abundante ingesta de verduras y legumbres, junto con la práctica regular de ejercicio físico, son fundamentales. El ejercicio es especialmente vital, ya que las células musculares pueden consumir glucosa sin necesidad de insulina, lo que ayuda a estabilizar los niveles de azúcar y fortalece las defensas del cuerpo.