Un estudio innovador, presentado en la Conferencia Goldschmidt, desvela una perspectiva radicalmente diferente sobre el papel de la cal en los suelos agrícolas de Estados Unidos, posicionándola no como una fuente de emisiones, sino como un elemento clave en la remoción de dióxido de carbono de la atmósfera. Esta investigación, fundamentada en un análisis exhaustivo de datos históricos que abarcan más de un siglo de la cuenca del río Misisipi, desafía las premisas convencionales de las directrices internacionales sobre la reducción de emisiones en el sector agrícola. El enfoque se centra en cómo la acidez del suelo, inducida por la contaminación y el uso de fertilizantes, es el verdadero impulsor de las emisiones de CO₂, y cómo la cal, al contrarrestar esta acidez, facilita la fijación de carbono.
El equipo de científicos del Centro Yale para la Captura Natural de Carbono de la Universidad de Yale ha liderado esta investigación. Sus hallazgos indican que la creencia extendida de que el carbono de la cal se convierte íntegramente en CO₂ al ser aplicado en el suelo es errónea. Por el contrario, su modelo demuestra que la interacción de la cal con ácidos fuertes en el suelo es lo que provoca las emisiones. Es decir, la cal no emite CO₂ per se; lo hace cuando neutraliza la acidez proveniente de fuentes externas. En ausencia de tales ácidos, el proceso de encalado podría, de hecho, contribuir a la extracción de CO₂ atmosférico mediante la formación de bicarbonatos.
Desde principios del siglo XX, la cuenca del río Misisipi ha sido testigo de un aumento significativo en la acidez del suelo, resultado de la contaminación atmosférica derivada de la quema de combustibles fósiles y el uso extensivo de fertilizantes nitrogenados. Este incremento en la acidez no ha sido adecuadamente compensado por las prácticas de encalado existentes. A pesar de que las aplicaciones de caliza a los cultivos se intensificaron a partir de la década de 1930, la capacidad del suelo para eliminar CO₂ solo ha comenzado a mostrar su verdadero potencial recientemente. Los investigadores estiman que actualmente la eficiencia de esta eliminación alcanza aproximadamente el 75% de su tasa teórica máxima.
El Dr. Tim Jesper Suhrhoff, uno de los autores principales del estudio, enfatiza que las políticas actuales que penalizan el encalado malinterpretan la causa fundamental de las emisiones. Argumenta que, si se continúa introduciendo acidez en el suelo sin neutralizarla, esta reaccionará con las reservas alcalinas naturales del suelo, generando igualmente emisiones. Por tanto, al centrar la atención en la cal en lugar de en los agentes acidificantes, se podría estar desaprovechando una valiosa oportunidad para mitigar las emisiones y obtener beneficios adicionales, como el aumento del rendimiento de los cultivos y la disminución de las emisiones de óxido nitroso.
Este estudio sugiere una reevaluación urgente de las normativas agrícolas relativas a las emisiones. La propuesta es que las emisiones se vinculen directamente a la introducción de fertilizantes ácidos en lugar de a la cal. No obstante, los expertos advierten que cualquier cambio en la política debe ser implementado con sumo cuidado. La adición de rocas de silicato para neutralizar la acidez antes del encalado podría ser una estrategia óptima, limitando las emisiones y maximizando los efectos positivos que el encalado puede ofrecer a la agricultura y a la seguridad alimentaria global.