Un equipo de investigación español ha desarrollado un sistema innovador para extender la frescura de los tomates en el ámbito doméstico. Esta invención consiste en un papel especializado que integra aceites esenciales, buscando combatir el deterioro y el desperdicio de alimentos. El problema global de la pérdida de alimentos, especialmente en los hogares, es considerable. Frutas y verduras, como los tomates, son particularmente vulnerables al deterioro rápido, lo que acentúa la necesidad de soluciones efectivas para su conservación.
El desafío del desperdicio alimentario es una preocupación mundial. Grandes volúmenes de productos comestibles se pierden en cada fase de la cadena de suministro, desde la producción inicial hasta el consumo final en los hogares. En el año 2022, por ejemplo, la Unión Europea registró una alarmante cifra de 54.6 millones de toneladas de alimentos desechados, de los cuales más de la mitad correspondían a residuos domésticos. Dentro de este panorama, los productos hortofrutícolas se destacan por su alta perecibilidad, constituyendo casi la mitad de las pérdidas totales. Ante el crecimiento constante de la población global y la consecuente demanda de alimentos, se vuelve imperativo minimizar estas pérdidas.
Los hongos son uno de los principales responsables del deterioro de frutas y verduras después de la cosecha. Además de causar pérdidas económicas, algunas especies de moho producen micotoxinas, que representan un riesgo para la salud humana. Los tomates son especialmente susceptibles a infecciones fúngicas, particularmente a través del pedúnculo tras la recolección. Patógenos como Botrytis cinerea, conocido como moho gris, prosperan en condiciones de baja temperatura y alta humedad, típicas de los ambientes de almacenamiento, afectando gravemente la calidad del fruto.
Para abordar este desafío, la investigación se ha centrado en el desarrollo de materiales de envasado activos. Estos materiales contienen compuestos capaces de prolongar la vida útil de los alimentos. Entre los agentes más prometedores se encuentran los aceites esenciales (AE) y los extractos de plantas. Estos compuestos de origen natural son de bajo costo, biodegradables y ampliamente reconocidos como seguros. Exhiben propiedades antimicrobianas y antioxidantes, siendo particularmente efectivos contra el moho. Estudios previos han identificado la canela y el orégano como aceites esenciales con fuerte actividad antifúngica.
A pesar de sus beneficios, los aceites esenciales presentan limitaciones como su alta volatilidad y baja solubilidad en agua. Para mitigar estos inconvenientes, se han explorado métodos de encapsulación. La incorporación de almidones modificados como portadores en emulsiones de aceites esenciales permite una dispersión uniforme y una liberación gradual de los compuestos activos, lo que resulta en un efecto antifúngico sostenido. Esta tecnología permite que el papel activo mantenga su eficacia sin afectar las características sensoriales del producto.
El estudio, liderado por el Instituto Aragonés de Investigación en Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, optimizó una mezcla de aceites esenciales de orégano (33.3%) y canela (66.7%), que luego fue emulsionada con almidones catiónicos. Estos papeles activos se aplicaron a tomates ibéricos, evaluando su impacto en el crecimiento fúngico, la putrefacción y la calidad general del fruto. Los resultados demostraron que el papel activo mejoró notablemente la apariencia de los tomates y redujo la aparición de moho, preservando simultáneamente su calidad sensorial. Los hallazgos sugieren un gran potencial para la comercialización de esta solución, ofreciendo una vía prometedora para reducir el desperdicio de alimentos y mejorar la conservación de productos perecederos.