Desde la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) se ha alzado la voz para denunciar una cruda realidad: la violencia que afecta a un gran número de mujeres mayores, una violencia que, por diversas razones, permanece oculta e invisibilizada ante la sociedad. Esta situación se ve exacerbada por una doble discriminación que padecen, tanto por su género como por su edad, lo que las sitúa en una posición de extrema vulnerabilidad. La organización hace un llamado urgente a la acción, solicitando la implementación de políticas públicas diseñadas específicamente para este grupo demográfico, la capacitación de profesionales que interactúan con ellas, el desarrollo de sistemas de detección temprana en los servicios sociales y de salud, y la creación de entornos seguros donde estas mujeres puedan expresar sus vivencias sin temor ni sentimiento de culpa. Es imperativo que la sociedad en su conjunto reconozca y actúe frente a esta problemática para garantizar la protección y la dignidad de todas las mujeres en sus años dorados.
La invisibilidad de esta violencia se debe, en gran medida, a estereotipos arraigados, a la dependencia económica que muchas de estas mujeres tienen, al aislamiento social y a la normalización de comportamientos inaceptables que han sido tolerados por demasiado tiempo. Además, la falta de recursos y apoyo adaptados a sus necesidades específicas en esta etapa de la vida contribuye a que su sufrimiento quede en las sombras. CEOMA enfatiza que la protección de estas mujeres no debe tener límites, y que la autonomía y la dignidad son derechos inalienables que deben ser garantizados. La erradicación de esta forma de violencia requiere el compromiso total de la sociedad, asegurando que existan recursos de apoyo y protección que sean accesibles, adecuados y seguros para todas las mujeres mayores.
La doble vulnerabilidad de las mujeres mayores frente a la violencia silenciosa
La Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) ha lanzado una alerta sobre la alarmante situación de violencia que afecta a un significativo número de mujeres mayores, un fenómeno que permanece en la sombra debido a múltiples factores. Estas mujeres, a menudo, experimentan una doble forma de discriminación: por su condición de género y por su edad, lo que las expone a una mayor vulnerabilidad. El presidente de CEOMA, José Luis Fernández Santillana, subraya la necesidad crítica de implementar políticas públicas específicas, ofrecer formación especializada a los profesionales, establecer mecanismos de detección temprana en los servicios sociales y sanitarios, y crear espacios seguros que permitan a estas víctimas compartir sus experiencias sin temor ni culpa. La historia de muchas de ellas revela décadas de sufrimiento en silencio, e incluso la incapacidad de reconocer la violencia, especialmente cuando proviene de entornos familiares, comunitarios o institucionales.
Además de la discriminación por género y edad, las mujeres mayores con discapacidades o diversos grados de dependencia enfrentan una vulnerabilidad aún mayor. Limitaciones como la visión, audición o movilidad, que suelen aparecer con la edad, pueden incrementar el riesgo de sufrir violencia y dificultar tanto su detección como la búsqueda de ayuda. Esta situación se agrava cuando dependen de terceros para sus actividades diarias, cuando existen barreras de accesibilidad o cuando los servicios no están debidamente adaptados a sus necesidades. Por ello, CEOMA insiste en la urgencia de fortalecer las estrategias de prevención, mejorar la coordinación interinstitucional y promover campañas que pongan de manifiesto esta realidad. Es fundamental que el sistema escuche activamente a estas mujeres, reconociéndolas como titulares de derechos y garantizando una atención libre de edadismo, accesible y ajustada a sus particularidades, reafirmando que no hay límite de edad para la protección, la autonomía y la dignidad.
Políticas y concienciación para erradicar la violencia invisibilizada
La Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) ha puesto de manifiesto la grave problemática de la violencia invisibilizada que padecen muchas mujeres mayores, enfatizando que esta situación es el resultado de una intersección de discriminaciones por género y edad. Para combatir esta realidad, la organización ha demandado una serie de acciones concretas, incluyendo el desarrollo de políticas públicas específicas que aborden las particularidades de este colectivo. Se insta también a la formación y sensibilización de los profesionales que trabajan en el ámbito de la gerontología y los servicios sociales, para que puedan identificar y actuar eficazmente ante las señales de abuso. La creación de sistemas de detección temprana en centros sanitarios y sociales es otra de las prioridades, así como la habilitación de espacios seguros donde las mujeres mayores puedan expresarse libremente, sin miedo a represalias o al estigma, y sin sentirse culpables por las experiencias vividas. El silencio prolongado de muchas de estas mujeres, que han soportado la violencia durante décadas sin siquiera reconocerla como tal, resalta la urgencia de estas medidas.
La invisibilidad de esta violencia se ve acentuada por estereotipos sociales que minimizan la agencia de las personas mayores, así como por la dependencia económica, el aislamiento social y la normalización de conductas abusivas que han sido toleradas por demasiado tiempo. A esto se suma la escasez de recursos adaptados a las necesidades específicas de las mujeres en edad avanzada. El presidente de CEOMA, José Luis Fernández Santillana, ha subrayado que la violencia adopta múltiples formas y, aunque afecta a todas las edades, las mujeres mayores a menudo son las “grandes invisibles” de esta realidad. La confederación persigue el objetivo de que ninguna mujer mayor quede desprotegida por el sistema judicial, defendiendo su derecho fundamental a vivir con seguridad, respeto y libertad en todas las etapas de su vida. Para lograrlo, CEOMA reitera la necesidad de una implicación total de la sociedad para asegurar que los recursos de apoyo y protección sean accesibles, adecuados y seguros, garantizando así la dignidad y autonomía de todas las mujeres mayores.