En un avance significativo para el sector agrícola, el uso de nematodos entomopatógenos está ganando terreno como una solución innovadora y sostenible para la protección de cultivos. Contrario a la percepción común de los nematodos como dañinos, ciertas especies demuestran ser aliadas poderosas en el control biológico de insectos. Este enfoque emergente ofrece una alternativa prometedora frente a los métodos convencionales, especialmente en un contexto donde la resistencia a los insecticidas químicos es una preocupación creciente. La investigación actual y las iniciativas empresariales están allanando el camino para que esta tecnología sea ampliamente adoptada, marcando un hito hacia una agricultura más respetuosa con el medio ambiente y económicamente viable a largo plazo.
La investigación liderada por Shabeg Bryar en Olds College, Alberta, está explorando el potencial de estos diminutos gusanos para combatir plagas en el cultivo de canola. Los resultados iniciales son alentadores, con tasas de mortalidad de hasta el 90% para larvas de polilla de la col y el 87% para chinches ligus, e incluso la erradicación casi total del gusano cortador negro. Aunque las pupas de la mosca de la col resultaron más resistentes y el escarabajo pulga de la colza apenas se vio afectado, el éxito general subraya la eficacia de esta estrategia.
Históricamente, el interés en los nematodos beneficiosos se remonta a la década de 1980, con el trabajo pionero de Elson Shields en la Universidad de Cornell para controlar el gorgojo de la alfalfa. Sin embargo, la aplicación a gran escala se vio limitada por la naturaleza localizada de las plagas y la viabilidad comercial. En la actualidad, John Gavloski, entomólogo del Departamento de Agricultura de Manitoba, señala que los nematodos entomopatógenos aún no están disponibles para uso extensivo en las praderas canadienses, pero reconoce que su eficacia contra plagas importantes podría impulsar su comercialización masiva.
Un factor clave que podría cambiar este panorama es la aparición de empresas como Persistent BioControl, fundada en 2019 por Elson Shields y su hijo Keegan. Esta compañía está abriendo nuevos mercados en Estados Unidos para los nematodos beneficiosos, comenzando con productores de maíz y alfalfa en el noreste. La característica más destacada de sus productos es la capacidad de los nematodos para persistir en el suelo durante una década o más después de una única aplicación. Esto representa una ventaja significativa sobre los insecticidas químicos que requieren aplicaciones anuales, ofreciendo un control de plagas más duradero y rentable a largo plazo.
Además, la empresa colabora con productores de hortalizas orgánicas para controlar el gusano de alambre en cultivos de raíz, aplicando los nematodos antes de la rotación para prevenir daños. La facilidad de aplicación, ya sea a través de sistemas de riego por pivote o pulverizadores terrestres convencionales, elimina la necesidad de equipos especializados, facilitando la adopción por parte de los agricultores. La formulación de una mezcla de tres tipos de nematodos, adaptada a las necesidades específicas de cada región y cultivo, optimiza su eficacia.
Este enfoque biológico no solo es ventajoso para la agricultura orgánica, sino que también resulta atractivo para los agricultores convencionales que buscan mitigar la creciente resistencia a los insecticidas y reducir la dependencia de productos químicos. La durabilidad y la eficacia demostrada de los nematodos entomopatógenos los posicionan como una herramienta esencial en la gestión integrada de plagas, prometiendo un futuro más sostenible para la producción de alimentos.
En síntesis, el empleo de estos organismos microscópicos en la agricultura está marcando un precedente en la protección de los cultivos. Esta biotecnología no solo proporciona una solución efectiva contra diversas plagas de insectos, sino que también promueve prácticas agrícolas más sostenibles y resilientes, disminuyendo la huella ecológica y ofreciendo un control de larga duración para los agricultores.