En un esfuerzo por impulsar la sostenibilidad y la productividad en la agricultura, un equipo de investigación italiano ha examinado a fondo el potencial de los bioestimulantes foliares en el cultivo de trigo duro. Este cereal, fundamental para la dieta global, enfrenta retos significativos debido a la alteración climática. Los resultados de este estudio prometen redefinir las prácticas de nutrición de este cultivo esencial, ofreciendo alternativas eficientes y respetuosas con el medio ambiente.
El trigo constituye un pilar en la alimentación mundial, proveyendo una parte considerable de la energía y proteínas diarias necesarias para la población. Aunque el trigo duro es un cultivo de nicho a escala global, su importancia es innegable en la cuenca mediterránea, siendo la base de alimentos como la pasta, el pan y el cuscús. Sin embargo, Italia, uno de los principales productores de trigo duro, ha visto cómo el rendimiento de este cultivo se estanca en las últimas tres décadas. Esta situación se atribuye directamente a los efectos adversos del cambio climático, manifestados en temperaturas crecientes y patrones de lluvia irregulares.
Ante este panorama, la aplicación de bioestimulantes por vía foliar surge como una estrategia viable para fomentar una intensificación sostenible en la agricultura, especialmente en cultivos extensivos como el trigo duro. La clave reside en identificar los compuestos más efectivos entre la vasta oferta del mercado, que puedan generar mejoras notables en el rendimiento y la calidad del grano. Con este propósito, los expertos Angelo Rossini, Roberto Ruggeri y Francesco Rossini, del Departamento de Ciencias Agrícolas y Forestales de la Universidad de Tuscia, llevaron a cabo un experimento de campo.
El estudio se extendió por dos ciclos de cultivo consecutivos (2023 y 2024) bajo condiciones climáticas mediterráneas, utilizando un diseño de bloques aleatorios con tres repeticiones. Se cultivó la variedad de trigo duro 'Irida' y se sometió a cinco tratamientos bioestimulantes foliares distintos, en contraste con un grupo de control sin tratar. Los tratamientos incluyeron extractos de algas y vegetales, vaterita micronizada (CaCO3), un líquido de cultivo de Pseudomonas protegens, ácidos húmicos y fúlvicos, y un fertilizante orgánico nitrogenado (N 5%) enriquecido con glicina betaína. La aplicación de estos bioestimulantes se realizó en etapas críticas del desarrollo del cultivo: al finalizar el macollamiento y durante el espigado.
Las mediciones abarcaron la longitud de la raíz, el contenido de clorofila, el rendimiento del grano, sus componentes y la calidad proteica, y los datos fueron analizados mediante un análisis de varianza unidireccional. Los resultados fueron contundentes: los extractos de algas y plantas, junto con la vaterita micronizada, destacaron por su eficacia. Estos bioestimulantes lograron un aumento del 29% y 24% respectivamente en el rendimiento del grano, incrementaron la longitud de la raíz en un 120% y 77% respectivamente, y elevaron el contenido de proteína del grano en un punto porcentual, pasando de aproximadamente 12% a 13%.
Estos descubrimientos son de gran relevancia para agricultores e investigadores en la región mediterránea, ya que abren nuevas perspectivas para diseñar protocolos de fertilización más eficientes. El objetivo es alinear las prácticas agrícolas con los principios de la Estrategia Europea «De la Granja a la Mesa», que busca una producción de alimentos más sostenible. La investigación subraya que los bioestimulantes mejoran notablemente el desarrollo radicular y la concentración de clorofila foliar en el trigo duro, superando los métodos de fertilización tradicionales. La aplicación foliar de estos productos no solo incrementa el rendimiento y la calidad del trigo, sino que también demuestra que la efectividad de los bioestimulantes varía según sus componentes activos.