Los pastizales, que abarcan una vasta extensión del planeta, desempeñan un papel multifacético en el ecosistema global. Si bien los pastizales naturales y seminaturales son vitales para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, contribuyendo al bienestar humano y planetario, aquellos gestionados por la actividad humana han experimentado una transformación significativa en su impacto climático. Un estudio reciente, publicado en Nature Communications, arroja luz sobre cómo estas extensiones de tierra han influido en el clima durante los últimos siglos, y cómo su manejo actual los convierte cada vez más en una fuente de gases de efecto invernadero, en lugar de un refugio de carbono.
La investigación detalla cómo los pastizales absorben dióxido de carbono y emiten metano, principalmente debido al ganado en pastoreo, y óxido nitroso, especialmente por el uso de fertilizantes y estiércol. Para dilucidar la contribución histórica de los pastizales al cambio climático, un equipo internacional cuantificó los cambios en el almacenamiento de carbono y los flujos de gases de efecto invernadero en pastizales tanto naturales como manejados, abarcando un período desde 1750 hasta 2012. Los resultados muestran que, aunque los pastizales escasamente utilizados han proporcionado un servicio de enfriamiento climático considerable, el aumento exponencial del ganado y la gestión intensiva han incrementado las emisiones de metano y óxido nitroso, alterando el efecto climático neto de estos biomas. Jinfeng Chang, líder del estudio en el IIASA, explicó el desarrollo de un nuevo modelo global de pastizales que simula detalladamente los cambios regionales en el uso del suelo y la degradación causada por el pastoreo excesivo, además de considerar las emisiones de gases de efecto invernadero de diversas fuentes.
Los hallazgos del estudio son contundentes: las emisiones de metano y óxido nitroso de los pastizales se han multiplicado por 2.5 desde 1750. Aunque la capacidad de los pastizales para absorber y almacenar carbono se intensificó durante el último siglo, este beneficio se concentró mayormente en las áreas naturales y escasamente pastoreadas. Por el contrario, los pastizales manejados intensivamente por el hombre se han convertido en una fuente neta de emisiones de gases de efecto invernadero, con niveles comparables a los de las tierras de cultivo a nivel mundial. Thomas Gasser, coautor del estudio, advierte que las actividades humanas han desequilibrado la absorción y emisión de gases de efecto invernadero, inclinando la balanza hacia el calentamiento en los pastizales de explotación intensiva. Sin un cambio en las políticas que promuevan un mayor almacenamiento de carbono en el suelo, detengan la deforestación para la ganadería y fomenten sistemas de producción ganadera más sostenibles, los pastizales globales podrían acelerar significativamente el calentamiento climático. La investigación subraya la necesidad de que los países informen de manera integral sobre los balances de gases de efecto invernadero de todos los tipos de pastizales, incluidos los silvestres y escasamente pastoreados, para alinear mejor los objetivos nacionales con los del Acuerdo de París.
Este estudio resalta una verdad fundamental: nuestras interacciones con la naturaleza tienen consecuencias profundas y duraderas. Es imperativo que la humanidad reconozca el papel crucial de los pastizales en la regulación climática y actúe con decisión para revertir las tendencias perjudiciales. Al adoptar prácticas de gestión sostenible y fomentar la conservación de los ecosistemas naturales, podemos transformar estos vastos paisajes en poderosos aliados en la lucha contra el cambio climático, asegurando un futuro más equilibrado y próspero para todos.