México se posiciona a la vanguardia de la innovación agrícola en Latinoamérica, adoptando de manera acelerada la tecnología de los drones para optimizar sus procesos de cultivo. Este avance, impulsado por desafíos como la disminución de la fuerza laboral rural y la necesidad de una agricultura más sostenible frente al cambio climático y la escasez hídrica, promete transformar radicalmente el sector. La implementación de estas aeronaves no tripuladas no solo mejora la eficiencia y la precisión en las tareas del campo, sino que también abre nuevas perspectivas de negocio y fomenta un desarrollo rural más dinámico y tecnificado. Los agrodrones están marcando un antes y un después en la producción de alimentos, consolidando a México como un referente en la modernización agrícola regional.
La Universidad Autónoma de Chapingo (UACh) fue anfitriona de la Conferencia Internacional DJI-DTS sobre Drones para la Agricultura en 2025, un evento que congregó a cerca de un centenar de empresas destacadas en el ámbito de la mecanización agrícola, provenientes de más de nueve países latinoamericanos y también de China. Durante esta cumbre, los expertos resaltaron el papel pionero de México en la introducción de drones en su sector agrícola, siendo el primer país de la región en adoptar esta tecnología, seguido de cerca por Argentina, Chile y Colombia, según el análisis de Elisa Galeana, experta del sector en el portal Mexico Business News.
El investigador de la UACh, Gilberto de Jesús López, proyecta un crecimiento anual del mercado mexicano de agrodrones cercano al 36% hasta el año 2035, lo que implicaría un incremento en el valor de mercado de 39 millones a 650 millones de dólares. Este crecimiento sin precedentes genera amplias oportunidades para fabricantes, proveedores de servicios, integradores de datos y entidades financieras. López subraya que el factor principal detrás de esta expansión es la evolución demográfica del país. La población activa en las zonas rurales de México está envejeciendo progresivamente, y cada vez son menos las personas dispuestas a asumir largas jornadas laborales en el campo, con la exposición inherente a los productos agroquímicos. En este contexto, los drones emergen como una solución eficaz, permitiendo a un solo operario gestionar múltiples hectáreas en cuestión de minutos. La capacidad de un dron para aplicar productos es hasta diez veces más rápida que los métodos de pulverización tradicionales, a la vez que minimiza el contacto humano con sustancias químicas.
Además de la eficiencia y la seguridad, las innovaciones tecnológicas facilitan el acceso a terrenos remotos y complicados. Jeffrey Dong, representante de ventas de DJI Agriculture Latinoamérica, enfatizó que en superficies irregulares o en cultivos densos, un dron puede operar con una exactitud milimétrica sin compactar el suelo ni dañar la vegetación, lo que contrasta significativamente con el impacto de un tractor. En el ámbito de la pulverización, la tecnología de vanguardia incorpora sistemas GPS, control automático de dosificación y sensores multiespectrales. Estos componentes permiten ajustar el tamaño de las gotas durante el vuelo, reduciendo así la dispersión del producto por el viento y contribuyendo a un uso más eficiente del agua y los agroquímicos. Mientras que la pulverización convencional demanda entre 200 y 400 litros por hectárea, un dron de última generación solo necesita entre 10 y 15 litros por hectárea.
Ángel Garduño, presidente de la Asociación de Drones Agrícolas (UACh), resaltó la fructífera colaboración de los últimos cinco años entre la UACh y DIMASUR. Esta alianza ha tenido como objetivo primordial impulsar la formación agrícola, la investigación científica, la conexión con el sector productivo y el avance de una agricultura sostenible en el medio rural. Fruto de esta cooperación, se ha establecido la primera Academia DJI oficial en Latinoamérica, dedicada a la capacitación de pilotos de drones agrícolas, brindando así oportunidades de formación continua tanto a estudiantes como a profesores de la Universidad de Chapingo.
López mencionó que, desde el año 2022, aproximadamente 3,000 operarios de drones agrícolas han recibido formación en México. En este sentido, Josué Muñoz, coordinador de operaciones de DIMASUR, destacó que están en conversaciones con diversas entidades gubernamentales mexicanas para ofrecer capacitación a agricultores de todos los niveles en el manejo de estas tecnologías. El objetivo es claro: demostrarles las ventajas tangibles que los drones pueden ofrecer para la mejora de sus cosechas. En estudios prácticos realizados sobre maíz, López compartió resultados prometedores, logrando cuantificar el 78% de las plantas en áreas con topografía compleja. También se llevaron a cabo trabajos de identificación de las etapas de floración de la piña, utilizando análisis predictivos para estimar el rendimiento y facilitar una planificación de cosechas más homogénea. Finalmente, subrayó que la versatilidad de los drones permite su aplicación en más de 300 tipos de cultivos. En México, actualmente se emplean en la producción de maíz, papa, caña de azúcar, frutos rojos y agave, además de en huertos donde se cultivan aguacates, cítricos, mangos y plátanos.