Vitaminas D y B9: Un Escudo contra los Contaminantes Plásticos y su Impacto en la Salud
Una investigación reciente ha arrojado luz sobre cómo las vitaminas D y B9 (folato) podrían ofrecer una protección significativa contra los efectos adversos de los contaminantes plásticos en el organismo. Las personas con mayor exposición a los disruptores endocrinos presentes en plásticos enfrentan un riesgo elevado de mortalidad. Sin embargo, este estudio sugiere que una concentración más alta de estas vitaminas en la sangre podría actuar como un escudo, disminuyendo la vulnerabilidad a estos compuestos nocivos. Este descubrimiento subraya la relevancia de la nutrición en la defensa contra los peligros ambientales.
El estudio, impulsado por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada y la Universidad de Granada, en conjunto con la Escuela de Salud Pública de Harvard y la Universidad de Pekín, examinó la conexión entre la exposición a estos tóxicos y el riesgo de deceso. Publicado en la prestigiosa revista The Lancet Planetary Health, el análisis se basó en datos de más de 8,000 participantes de la encuesta nacional de salud y nutrición de Estados Unidos (NHANES).
Los investigadores midieron en la orina de los voluntarios la presencia de sustancias como el bisfenol A y diversos ftalatos, ambos conocidos disruptores endocrinos. Estos compuestos se utilizan comúnmente en envases alimentarios, plásticos en general y productos cosméticos. El seguimiento a los participantes, que promedió ocho años, permitió registrar las causas de fallecimiento, incluyendo cáncer, enfermedades cardiovasculares y otras dolencias.
El doctor Vicente Mustieles, líder de la investigación, presentó los hallazgos en el Congreso de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA). Resaltó que aquellos con mayor exposición a la mezcla de contaminantes plásticos mostraban un 35% más de riesgo de mortalidad por cualquier causa, un 73% por cáncer y un 39% por enfermedades cardiovasculares, incluso después de ajustar por factores como la edad, el peso y el estilo de vida.
Estimaciones derivadas del estudio sugieren que la exposición a estos tóxicos plásticos podría contribuir a más de 250,000 fallecimientos anuales en Estados Unidos, lo que representa aproximadamente el 10% del total de decesos en el país. Curiosamente, la relación entre los contaminantes plásticos y el aumento del riesgo de mortalidad fue notable únicamente en individuos con niveles sanguíneos bajos de vitaminas D y B9, mientras que no se observó en aquellos con niveles más altos.
La vitamina D es vital para la salud ósea, la regulación del calcio y el sistema inmunológico. Aunque se encuentra en alimentos como el pescado azul, su fuente principal es la síntesis cutánea a través de la exposición solar. La vitamina B9, conocida como folato en los alimentos, o ácido fólico en su forma sintética, previene defectos del tubo neural en fetos y anemias megaloblásticas, además de reducir la homocisteína, un marcador de riesgo cardiovascular. Se encuentra en verduras de hoja verde, legumbres y cítricos.
El estudio reveló que el folato y la vitamina D parecen ofrecer protección contra los efectos de los contaminantes plásticos en la mortalidad, pero solo en participantes que no consumían suplementos de estas vitaminas. Cuando se incluyó a quienes tomaban suplementos, la protección se manifestó únicamente en aquellos con niveles intermedios, sugiriendo que tanto la deficiencia como el exceso de suplementos pueden ser problemáticos.
Por lo tanto, los investigadores aconsejan priorizar el aumento de los niveles de estas vitaminas a través de la alimentación, y solo considerar la suplementación bajo supervisión médica y tras un análisis de los niveles sanguíneos. La exposición a estos disruptores endocrinos es generalizada, afectando a más del 90% de la población, por lo que estas recomendaciones son pertinentes a nivel global, incluyendo Europa.
Se recomienda minimizar el consumo de alimentos ultraprocesados, que no solo carecen de nutrientes sino que también son una fuente significativa de exposición a tóxicos plásticos. Una dieta basada en el patrón mediterráneo, rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y frutos secos, junto con un consumo moderado de productos animales, es fundamental. Asimismo, se aconseja elegir envases de vidrio y acero inoxidable sobre los de plástico.
Los autores del estudio enfatizan que un estilo de vida activo y una exposición solar frecuente pero controlada, evitando las horas de mayor intensidad, son estrategias clave para reducir la exposición y contrarrestar los efectos nocivos de los disruptores endocrinos. También señalan la importancia del papel regulatorio de las agencias para proteger la salud pública, observando que decisiones como la prohibición del bisfenol A en envases alimentarios a menudo llegan con retraso.